Saludo con afecto en el Señor a todos Ustedes, es mi deseo compartir una preocupación de hace tiempo y que ahora se ha visto expresada con particular vehemencia por el cardenal Chritoph Shönborn, OP, arzobispo de Viena, según un reporte de prensa (02/10/2009) que tengo a la vista. El señor Cardenal, durante un retiro predicado a sacerdotes en Ars, abordó el tema: “La oración y el combate espiritual”, allí expresó lo siguiente: “El combate por excelencia es el combate de la oración y, por tanto, es también la cuestión del lugar de la oración, Es una grave herida en el Cuerpo de Cristo que las Iglesias tengan las puertas cerradas”. Me permito, hermanos Sacerdotes y hermanos Religiosos, recoger este testimonio para manifestarles, ahora por escrito y con carácter de súplica urgente, esta misma inquietud que ya he manifestado en alguna de las reuniones con los Sacerdotes de esta Ciudad episcopal y también a los señores Decanos.
“IGLESIAS DE PUERTAS ABIERTAS”
EXTRACTOS DEL MENSAJE
Si nos detenemos un momento a reflexionar, caeremos en la cuenta de la triste y desagradable impresión que causa un templo cerrado durante varias horas del día, tanto en el centro de la Ciudad como en cualquier otro lugar. ¿Qué nos está pasando? ¿Estamos Claudicando? Con toda buena intención pensamos defender así el patrimonio cultural y los bienes del templo o de la parroquia, pero, ¿será esto lo más conveniente? No siempre lo más práctico es lo mejor. Pensemos en el mensaje que damos a los fieles y a la ciudadanía en una sociedad agresiva y desacralizada.
Al hacer estas reflexiones, mi intención no es minimizar el clima de inseguridad y a veces hasta de violencia que nos rodea, y que ha llegado a afectar a los templos católicos. Algunos de ustedes ya han sido víctimas. Tampoco quiero desconocer la responsabilidad que pesa sobre cada párroco, rector o capellán de cuidar el patrimonio religioso y de velar por la seguridad del santísimo Sacramento; y mucho menos pretendo negar el derecho al descanso del personal de ayuda y servicio del templo; soy consciente asimismo que muchos templos no tienen recursos para pagar el personal de vigilancia. Pero, nos debemos preguntar, ¿la solución pastoral más acertada es cerrar la puerta de la iglesia? ¿Y los que están afuera? ¿Y el espacio de silencio y de paz que está necesitando ese hermano o hermana que pasa por allí en ese momento más inoportuno para nosotros, pero que para él puede ser un momento de gracia? ¿Y la espera silenciosa de Jesús?
Quiero también invitarlos a impulsar entre los fieles de su parroquia o de su comunidad la Adoración eucarística, como fuente de gracia y renovación especial para los fieles y para nosotros los presbíteros, sabiendo que toda renovación pastoral y sacerdotal comienza en la Santa Eucaristía.
Que la Virgen Santísima, a la que saludamos en las letanias lauretanas como “Puerta del Cielo”, nos conceda ser en sentido pleno una iglesia de puertas abiertas.
Santiago de Querétaro, Qro.
4 de noviembre del 2009.
+Mario de Gasperìn Gasperìn
Obispo de Querétaro.